Birkin: El bolso más copiado

El Birkin nació en 1984, después de que Jane Birkin coincidiera en un vuelo con Jean-Louis Dumas, entonces director creativo de Hermès. Durante el viaje, Birkin se quejó de que no encontraba un bolso lo suficientemente práctico para viajar con todo lo que llevaba. Dumas dibujó el diseño en una bolsa de avión. De ahí salió uno de los objetos más deseados de la historia de la moda.

Cuarenta años después, el Birkin no es solo un bolso. Es una forma reconocible en todo el mundo, sus asas redondeadas, el cierre con solapa, la correa con candado, la proporción del cuerpo. Incluso sin logo, la mayoría de personas que conocen la moda saben identificarlo.

Y ahí empieza el verdadero reto para Hermès.

En el mundo del derecho no basta con que algo sea famoso para protegerlo. Para que una forma esté protegida tiene que cumplir ciertos requisitos: no puede ser una forma habitual del sector, debe ser distintiva y el público tiene que asociarla con un origen empresarial concreto.

Por eso la protección del Birkin no se juega en un único registro. Se juega en una estrategia que mezcla marcas tridimensionales, diseño, competencia desleal y décadas de litigios.

Hermès ha tenido que defender ese bolso en tribunales de distintos países frente a marcas que intentaban acercarse demasiado a su silueta. Y cada caso vuelve a plantear la misma pregunta:
¿dónde termina la inspiración y dónde empieza la copia?

Lo interesante es que el Birkin demuestra que cuando un producto se vuelve un icono cultural, deja de competir solo como producto y empieza a hacerlo como símbolo.

Por eso a día de hoy sigue siendo uno de los mejores ejemplos de cómo la propiedad intelectual intenta seguir el ritmo de la cultura.

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