Los diseños de 2025

Hay una parte de nuestro trabajo que casi nunca se ve, pero que ocupa una parte muy importante de nuestro día a día y es el de revisar con lupa las colecciones que las marcas van lanzando al mercado.

No se trata solo de observar tendencias o de seguir la evolución estética de la industria. Este ejercicio es fundamental para construir el conocimiento necesario que después permite valorar si un diseño puede representar un riesgo o no desde el punto de vista de la propiedad intelectual o de la identidad de marca.

Cuando analizamos productos, intentamos mantener en la cabeza una especie de mapa mental de los códigos visuales que distintas casas están desarrollando en cada temporada. Ese mapa no se forma de un día para otro, sino a partir de la observación constante de colecciones, campañas y detalles de construcción.

En moda, muchas veces la identidad de una marca no se construye únicamente a partir de grandes conceptos. Con frecuencia empieza en elementos pequeños como una forma de cortar una prenda, una construcción específica, una proporción concreta o un detalle técnico que se repite de forma consistente.

Cuando ese detalle empieza a aparecer de forma reiterada, puede acabar convirtiéndose en un código visual reconocible y es ahí es donde surgen muchos de los problemas.

Si otra marca utiliza ese mismo recurso sin ser consciente de la asociación que ya se está construyendo en el mercado, es fácil que aparezcan comparaciones inmediatas. En algunos casos esas comparaciones se quedan en el terreno de la percepción pública y en otros pueden derivar en conflictos legales si el elemento en cuestión está protegido o se considera parte de la identidad distintiva de una marca.

Por eso, parte del trabajo consiste precisamente en identificar esas señales tempranas.

Cada temporada deja piezas, construcciones o soluciones de diseño que merece la pena observar con atención. No necesariamente porque sean “tendencias”, sino porque tienen suficiente personalidad como para consolidarse como códigos reconocibles en el futuro.

Cuando eso ocurre, inspirarse en ellas sin comprender bien su contexto puede generar asociaciones que ninguna marca pretende crear.

En un sector donde la identidad visual es uno de los activos más valiosos, reconocer a tiempo cuándo un detalle empieza a convertirse en identidad puede marcar la diferencia entre una inspiración legítima y un riesgo innecesario.

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