La estética de Hedi Slimane
Hace unos meses, Hedi Slimane publicó un mensaje en Instagram en el que señalaba que Celine debía abrir un nuevo capítulo visual sin recurrir al universo estético que él construyó durante su dirección creativa.
La reflexión resulta interesante porque conecta con una pregunta que aparece con frecuencia en la industria de la moda: ¿hasta qué punto puede protegerse una estética?
Durante su carrera, Slimane ha desarrollado un lenguaje visual extremadamente reconocible. Uno de sus rasgos más característicos ha sido la silueta ultradelgada, que convirtió prácticamente en una firma personal. Durante su etapa en Dior Homme, redefinió el traje masculino con cortes muy ajustados hasta consolidar el skinny tailoring como uno de los códigos centrales de su propuesta estética.
Su imaginario creativo también ha estado profundamente ligado al universo del rock. Referencias a bandas de los años 60, 70 y 80, chaquetas de cuero, jeans ceñidos, botas Chelsea y camisas entalladas forman parte de un guardarropa que se repite de forma constante en sus colecciones.
Otro elemento esencial de ese lenguaje visual es el uso del blanco y negro. Ese contraste radical aparece tanto en sus colecciones como en su trabajo fotográfico, generando una coherencia estética muy marcada entre moda, imagen y narrativa visual.
Precisamente esa consistencia es la que ha llevado a muchos a asociar inmediatamente ciertos códigos visuales con su nombre.
En el plano jurídico, Slimane protagonizó además un caso poco habitual dentro de la industria. Durante su paso por Saint Laurent, logró conservar los derechos de parte de su trabajo visual. Esa decisión resultaría clave años más tarde, cuando venció en los tribunales a Kering por seguir utilizando determinadas imágenes tras su salida de la casa.
Ese episodio demuestra que determinadas obras concretas, como fotografías o campañas visuales, sí pueden estar protegidas jurídicamente.
Sin embargo, la cuestión planteada por su reciente publicación apunta a un terreno distinto.
¿Podría extenderse esa protección a la estética general de un diseñador?
La realidad es que el derecho de autor protege obras específicas como una fotografía concreta, un diseño determinado o una ilustración identificable. Lo que normalmente no protege son ideas generales o estilos creativos. Conceptos como el skinny tailoring, el grunge o la fotografía en blanco y negro forman parte del lenguaje cultural de la moda y, por tanto, difícilmente pueden quedar monopolizados por una sola persona.
Esto significa que, en la práctica, las herramientas legales para proteger una estética completa son bastante limitadas. En algunos casos podría plantearse una acción por competencia desleal si se demuestra una apropiación especialmente evidente o una explotación parasitaria del trabajo ajeno, pero estos supuestos suelen ser complejos de acreditar.
Por eso, en muchas ocasiones, la cuestión más relevante no se resuelve en los tribunales.
Apropiarse de la estética de otro creador rara vez constituye una infracción directa desde el punto de vista legal. Sin embargo, puede tener un impacto significativo en la percepción pública de una marca.
En una industria donde la identidad creativa es uno de los activos más valiosos, replicar de forma demasiado evidente el universo visual de otro diseñador puede generar críticas, cuestionamientos sobre la autenticidad o incluso afectar a la credibilidad de la marca.
En ese sentido, el debate sobre la protección de una estética va mucho más allá de la ley. Tiene que ver con la capacidad de cada creador para construir un lenguaje propio que resulte reconocible sin depender del de otros.