El mito de las siete diferencias

En el sector de la moda circula desde hace años una idea que muchos profesionales han escuchado en algún momento del proceso de diseño y es que si un producto presenta suficientes diferencias respecto a otro, deja de existir riesgo legal. En muchas conversaciones esa idea se resume en una cifra concreta: siete diferencias.

Sin embargo, esta afirmación está muy lejos de reflejar cómo funciona realmente la propiedad intelectual aplicada al diseño.

La legislación no exige que dos productos sean idénticos para que pueda existir infracción. En la mayoría de los casos, lo que se analiza es la impresión global que produce el diseño en el consumidor o en el usuario informado. Es decir, si pese a las diferencias introducidas, el resultado final sigue evocando claramente el modelo de referencia.

Esto significa que un diseño puede incorporar modificaciones visibles, cambios en proporciones, detalles decorativos o elementos secundarios, y aun así seguir generando una percepción muy similar a la del original.

La situación se vuelve todavía más delicada cuando el diseño de referencia cuenta con un cierto grado de notoriedad, ha sido registrado o resulta fácilmente reconocible para el público. En esos casos, incluso una versión aparentemente “inspirada” puede acabar generando un conflicto.

Partir de un diseño ajeno con la intención de modificarlo lo justo para que deje de parecer el original rara vez es una estrategia segura. El riesgo aumenta especialmente cuando ese concepto no está ampliamente presente en el mercado o cuando la marca que lo lanzó primero mantiene una fuerte asociación con ese diseño.

Además, aunque las acciones basadas en competencia desleal o en figuras como el trade dress no siempre resultan sencillas de ganar para la parte demandante, los procedimientos pueden implicar costes económicos relevantes, daño reputacional o incluso la retirada de productos del mercado para la empresa demandada, incluso en los casos en los que finalmente el procedimiento se resuelve a su favor.

Las imágenes que acompañan este artículo muestran una comparación entre dos bolsos con características distintas, pero cuya percepción general puede resultar similar. Casos como este ilustran por qué, en el análisis de riesgos de diseño, la pregunta clave rara vez es cuántas diferencias existen, sino qué impresión global produce el resultado final.

Este análisis no pretende cuestionar la creatividad de ninguna marca concreta. El objetivo es simplemente ofrecer información que pueda resultar útil para comprender mejor cómo se valoran estos riesgos dentro de la industria.

Propiedad Intelectual | Sardine | Orla

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