Las tres rayas de Adidas
Durante más de dos décadas, Adidas ha sido una de las marcas más activas a la hora de defender sus míticas tres rayas.
A primera vista puede parecer un detalle gráfico mínimo. Sin embargo, en el universo de la identidad de marca, este tipo de elementos visuales repetidos de forma consistente pueden adquirir un enorme valor distintivo.
A lo largo de los años, Adidas ha registrado y defendido distintas configuraciones de su sistema de tres rayas en múltiples jurisdicciones. Aunque la compañía ha perdido algunos casos relevantes, entre ellos uno muy mediático relacionado con un registro europeo especialmente amplio, lo esencial no ha cambiado ya que la marca continúa teniendo derechos vigentes en numerosos países y sigue actuando cuando considera que esos derechos pueden estar siendo vulnerados.
En este tipo de situaciones conviene tener en cuenta que cuando una empresa como Adidas inicia acciones contra otro diseño, la cuestión no suele ser únicamente si acabará ganando o perdiendo el caso. La pregunta más relevante para muchas marcas es si merece la pena asumir el coste económico, operativo y reputacional que puede implicar ese conflicto.
Retiradas de producto, rediseños sobre la marcha, interrupciones en la producción o en la venta, gastos legales en varias jurisdicciones e incluso negociaciones o acuerdos que implican compromisos financieros significativos. Todo esto puede suceder incluso en situaciones que no llegan a juicio.
Por eso, analizar previamente los diseños que puedan recordar a las tres rayas resulta especialmente recomendable, incluso cuando la propuesta no es idéntica.
En el caso de Adidas, la fuerza distintiva de este elemento no se basa únicamente en el número de rayas, sino en una combinación de factores que la marca ha utilizado de forma consistente durante décadas.
El primero de ellos es precisamente el número de rayas. Adidas ha consolidado el uso de tres rayas paralelas como uno de sus signos distintivos más reconocibles. Esa repetición constante refuerza su protección jurídica y su asociación inmediata con la marca. Cuando aparecen configuraciones de dos, cuatro o cinco rayas en contextos similares, la empresa ha llegado a actuar si considera que existe riesgo de confusión o de dilución de su identidad.
Otro elemento relevante es la posición de las rayas. A lo largo del tiempo, Adidas ha protegido configuraciones en distintas orientaciones, incluyendo disposiciones verticales, horizontales y diagonales, especialmente en prendas deportivas y calzado.
También influye la ubicación dentro del producto. Las posiciones más habituales suelen ser los laterales de las prendas o los costados del calzado, zonas donde las rayas resultan especialmente visibles. No obstante, la marca también ha utilizado este recurso en otras partes del producto, como la espalda de una prenda o determinadas zonas del empeine en zapatillas.
Por último, entran en juego las proporciones. Tradicionalmente, las tres rayas mantienen un ancho similar entre sí y el espacio que las separa suele guardar una relación visual equilibrada con ese grosor. Esa regularidad genera una unidad visual clara que contribuye a que el conjunto resulte inmediatamente identificable.
Todos estos factores ayudan a explicar por qué un elemento aparentemente simple puede convertirse en un signo distintivo tan poderoso dentro del sector de la moda.
Cuando una marca consigue que una combinación gráfica tan mínima sea reconocible para el público, su protección deja de depender únicamente del diseño aislado y pasa a estar vinculada también a la percepción que los consumidores tienen de ese signo en el mercado.
Por eso, incluso cuando un diseño no reproduce exactamente las tres rayas, puede resultar prudente analizar si la combinación de número, posición, ubicación y proporciones podría generar una asociación con la identidad visual de Adidas.