Saint Laurent vs Kandee Shoes
Los conflictos en la industria de la moda suelen aparecer en titulares simplificados. Sin embargo, cuando se analiza un caso con más detalle, la realidad suele ser bastante más compleja.
Esto es lo que ocurrió recientemente con la controversia entre Saint Laurent y Kandee Shoes.
La polémica comenzó cuando el fundador de Kandee Shoes publicó un mensaje explicando que Saint Laurent había presentado varias reclamaciones contra su marca. Según su versión, la maison francesa solicitaba la retirada de determinadas imágenes en Instagram y cuestionaba la autoría de algunos de sus modelos.
El propio fundador defendía que sus diseños eran anteriores a los de Saint Laurent, aunque reconocía haber aceptado algunas de las peticiones para evitar un litigio con una empresa de mayor tamaño y recursos.
A primera vista, la narrativa parecía clara. Sin embargo, cuando se examinan los detalles con más calma, el caso adquiere matices diferentes.
El primer paso para analizar cualquier conflicto de diseño suele ser establecer una cronología fiable. Y esto, en moda, no siempre resulta sencillo.
A diferencia de otros sectores, muchas veces no existen notas de prensa claras, archivos accesibles o registros públicos que indiquen con precisión cuándo apareció por primera vez un producto. Parte de la información debe reconstruirse a partir de históricos de producto, publicaciones en redes sociales o capturas de archivo.
En este caso, los datos disponibles sugieren lo siguiente.
Por parte de Kandee Shoes:
Caviar leather thong sandals: 2022, según las fotografías aportadas por el fundador.
Black Caviar Leather mules: 2021, también documentadas mediante imágenes compartidas por la marca.
Por parte de Saint Laurent:
Goldie mules in glazed leather, diseñadas bajo la dirección creativa de Anthony Vaccarello, aparecen vinculadas a colecciones de 2023 según archivos encontrados en plataformas de referencia como Clothbase.
Otero crystal-embellished satin mules, que continúan actualmente en venta en distintos retailers multimarca, parecen corresponder a la temporada 2025 según publicaciones y material promocional.
A partir de estos datos, una primera conclusión resulta razonable: los modelos de Kandee Shoes parecen ser anteriores, lo que en principio juega a su favor.
El siguiente paso consiste en analizar la tipología del producto.
Tanto las sandalias tipo thong como los mules representados en este caso están ampliamente presentes en el mercado. Se trata de siluetas utilizadas por numerosas marcas, tanto en el segmento del lujo como en el contemporáneo.
Esto permite descartar rápidamente una hipótesis: la forma del zapato, por sí sola, difícilmente podría ser el origen del conflicto.
El caso empieza a volverse más interesante cuando se observa un elemento específico del diseño, la placa metálica dorada con el logotipo grabado en la plantilla.
Antes de 2023, Saint Laurent describía sus plantillas en las fichas de producto como:
“Saint Laurent Paris embossed signature on the insole”
Es decir, una firma grabada directamente en el material.
Sin embargo, a partir de la colección SS23, las descripciones oficiales empiezan a mencionar por primera vez:
“round Saint Laurent-engraved metal plaque on the insole”
Este cambio queda documentado en distintas fichas técnicas y catálogos de e-commerce.
Por su parte, Kandee Shoes introduce un nuevo logo metálico en la plantilla en 2025, cuya primera aparición pública puede rastrearse en publicaciones de Instagram durante el mes de agosto.
El primer correo de reclamación por parte de Saint Laurent llegaría en diciembre del mismo año.
A partir de este punto, la conclusión cambia.
El conflicto no parece girar en torno a la silueta del zapato, sino al elemento metálico incorporado en la plantilla.
Para valorar la fuerza de un posible argumento jurídico, también resulta relevante analizar si ese tipo de recurso aparece de forma habitual en otros productos.
Se pueden encontrar algunos ejemplos que utilizan soluciones similares. Por ejemplo, ciertos modelos de Valentino incluyen elementos decorativos en la plantilla. Sin embargo, en muchos de estos casos se trata de grabados en piel y no de placas metálicas.
Para poder argumentar que este recurso forma parte de un lenguaje de diseño ampliamente extendido, sería necesario identificar un número considerable de precedentes comparables en el mercado. En este análisis, esa evidencia no parece especialmente abundante.
Si el conflicto llegara a un tribunal, la maison tendría que sostener que ese elemento cumple una función distintiva.
En términos generales, los argumentos podrían girar en torno a tres ideas:
que la placa metálica funciona como un elemento identificador de la marca,
que resulta reconocible para el consumidor relevante,
y que su utilización por parte de un tercero genera riesgo de asociación o confusión.
En los registros revisados no aparece ese elemento concreto protegido de forma específica. Por ello, una eventual reclamación probablemente tendría que apoyarse en figuras jurídicas como la competencia desleal o el trade dress, vías que suelen ser más complejas y prolongadas en el tiempo.
Esto podría explicar por qué, al menos por ahora, la estrategia parece haberse limitado a una reclamación directa dirigida a la otra marca.
El caso ilustra bien una realidad habitual en la industria de la moda: muchos conflictos no nacen de la forma general de un producto, sino de pequeños detalles que pueden funcionar como códigos distintivos.
Y precisamente por eso, cuando se analizan posibles riesgos de diseño, esos detalles suelen ser los que merecen una atención más cuidadosa.