Tiffany blue

No todas las marcas tienen un símbolo, algunas tienen algo aún más difícil de conseguir, una sensación reconocible.

Eso es lo que logró Tiffany con su azul característico. Un color que empezó siendo una elección estética y terminó convirtiéndose en un detonante emocional: cajas, celebraciones, historias personales… un imaginario entero encapsulado en un tono.

En 1998 la marca dio un paso decisivo al registrarlo como marca de color en Estados Unidos. No por capricho, sino porque el público ya lo asociaba, sin ninguna duda, con Tiffany. Y es esa asociación, es lo que permite que un color pueda convertirse en un activo legal.

El Tiffany Blue demuestra algo esencial, la propiedad intelectual no solo protege formas, palabras o símbolos, también protege vínculos La parte invisible, lo que una marca consigue que la gente sienta.

Ese reconocimiento no se improvisa, es el resultado de décadas de coherencia, consistencia y presencia cultural. Tiffany no registró un color, registró una historia que el mercado ya había aprendido a reconocer.

Para quienes trabajamos en moda y en prevención, este caso recuerda que los elementos más simples pueden esconder una enorme complejidad. Y que, a veces, un color habla más claro que cualquier logotipo.

Fotografía: Renell Medrano.

Propiedad Intelectual | Tiffany's

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