El vestido de Audrey
Vamos a hablar sobre un vestido icónico que toda persona a la que le guste la moda, conoce.
El vestido negro de Breakfast at Tiffany’s, conocido mundialmente por su silueta larga, su tejido de satén, el escote en la espalda aderezado con el collar de perlas, guantes y gafas oscuras.
Fue diseñado por el gran couturier francés Hubert de Givenchy, un creador esencial del siglo XX y leyenda viva de la historia de la alta costura desde la apertura en 1952 de su Maison hasta su retirada en 1995. El primer éxito de su carrera fue la creación de la blusa Bettina, también fue el responsable de la culminación y popularización del little black dress, prenda que hoy en día sigue siendo un imprescindible en cualquier armario.
Volviendo al vestido, Hubert lo diseño para Audrey Hepburn en 1961, pero el que aparece en la película no es exactamente el diseño original de Givenchy, para adaptarlo a las exigencias de producción, el modelo fue ajustado por el equipo de vestuario de Hollywood.
Audrey Hepburn y Givenchy mantuvieron una bonita relación de amistad durante décadas, él la consideraba su musa. El vestido original de Givenchy se subastó en Christie’s en 2006 por más de 800.000 dólares.
Aun así, el público no lo asocia ni al atelier ni a su proceso. Lo asocia a una imagen, a un personaje, una escena e incluso a una emoción.
El cine no solo difunde la moda, la transforma en símbolo cultural y cuando una prenda entra en ese territorio, ocurren dos cosas al mismo tiempo: Se vuelve universal y sus copias se multiplican.
Cuanto mayor es la exposición, mayor es el deseo y cuanto mayor es el deseo, más reinterpretaciones, versiones y reproducciones aparecen en el mercado. Pero mientras la silueta se replica, el origen se diluye, la prenda deja de percibirse como de alguien y pasa a ser de todos.
Cuando la autoría se difumina, la marca pierde control sobre el relato, pierde fuerza como signo distintivo y, con el tiempo, también puede perder su capacidad de diferenciarse. El público recuerda la escena y no el creador.
Fotografía: Fotograma de " Desayuno con diamantes" Cordon Press.